La alfalfa es la reina de las especies forrajeras proteicas.
Sus dos ventajas principales son su altísimo contenido en proteínas (es la leguminosa forrajera más rica, siendo ideal para equilibrar raciones a base de maíz) y su excelente resistencia a la sequía, lo que le permite seguir creciendo durante el verano.
La alfalfa flamenca agrupa las variedades con una latencia inferior a 5,5 y es la más adecuada para regiones con inviernos marcados. Ofrece una mejor resistencia al frío y un periodo de dormancia más largo. Proporciona un primer corte extremadamente productivo, pero soporta menos los cortes demasiado frecuentes.
La alfalfa, como cualquier leguminosa, tiene la capacidad de fijar el nitrógeno atmosférico en el suelo. Para que esta fijación de nitrógeno sea lo más eficaz posible, se recomienda utilizar semillas inoculadas en parcelas que no hayan cultivado alfalfa en los últimos 3 años.